😈 Sacrilegio
Volver a los básicos
Sacrilegio se ha pasado muchos años implantando soluciones tecnológicas de gestión. Muchos. Las famosas “suites”. Y vio un error repetirse demasiado. Daba igual el ámbito, el sector o la cultura. Normalmente, siempre entraba a un cliente por una necesidad concreta que, mágicamente, su suite cubría a la perfección.
Hasta ahí, genial. Pero una vez dentro, Sacri (así le llamaban sus compañeros de charcutera) se transformaba en un virus que se propagaba intentando vender las bondades del resto de módulos. Daba igual que el cliente no lo necesitara; Sacri era un especialista en generar la necesidad.
Cuando ya tenía todos los módulos de la suite encasquetados, entonces tocaba colar la capa de reporting 🎢. Bueno, al final Sacri ya te vendía un Data Lake, que era lo más cool. Que quizá tampoco era lo que el cliente necesitaba, pues seguramente con algo menos sofisticado iba que chutaba, pero oye, cuanto más grande sea el juguete, mejor.
Al final, entre unas cosas y otras, sin el cliente saberlo -y mucho menos necesitarlo- Sacri le había montado un sistema de control que ya quisiera para sí el mismísimo Halcón Milenario. 🚀
Pero, Sacri, le decía el cliente, si no me acuerdo de cómo funciona esto, ¿te llamo y me lo recuerdas?
No, hombre, no. Mira, Manolo, tienes que abrir un ticket en este portal y, en función de tu SLA, el centro de soporte te contestará en unos días…
Pero vamos a ver, si yo tengo la duda ahora, ¿cómo me voy a esperar unos días? 🤷♂️
Ah, entonces lo que vas a necesitar es un Servicio Premium para que te atiendan más rápido. O, si quieres, te puedo presupuestar un proyecto de una IA que sepa todo lo que te hemos montado, así le puedes preguntar a ella… Sí, sí, eso va a ser lo mejor. 🤖
En algún momento de este proceso, Sacri había vendido su alma al diablo. Y, por desgracia, su modus operandi pasa más a menudo de lo que queremos admitir. En esta profesión nuestra, siempre a caballo entre la tecnología, el negocio y las trincheras de las ventas, hemos caído en una trampa muy rentable pero muy tóxica: confundir la facturación con la aportación de valor, y la complejidad con la profesionalidad. 💸
Le hacemos a nuestros clientes lo mismo que ese amigo que decide empezar a correr (hacer running, que queda más aparente). Antes de que dé la primera zancada, ya le hemos vendido las zapatillas con placa de carbono, las mallas de compresión aerodinámica, los geles para maratonianos y un reloj GPS que le mide hasta las fluctuaciones del karma. Luego el pobre sale al parque y a los diez minutos está echando la pota sentado en un banco, sin saber usar ni la mitad de lo que lleva encima. Se nos olvidó decirle que lo básico del asunto no era el equipamiento, era tener fondo físico y mover las piernas. 🏃♂️💨
En los proyectos hacemos exactamente lo mismo. Envolvemos la falta de soluciones reales con capas y capas de licencias, módulos y burocracia disfrazada de modernidad. Y lo peor de todo: hemos cambiado la conversación por la transacción facturable.
Antes, si el cliente tenía un problema, te sentabas con él, mirabas la pantalla y le decías: “Oye, esto lo apañamos así”. Hoy, ese antiguo y noble arte de la consultoría de confianza se ha sustituido por un escudo de SLAs, incidencias tipificadas y horas consumidas en bolsas de soporte, donde la empatía se pierde y el problema original acaba sepultado bajo un hilo de reproches perfectamente documentados en Jira. 🤦♂️
A veces tengo la sensación de que usamos esa complejidad como modelo de negocio y como parapeto. 🛡️ Es infinitamente más fácil esconderse detrás de un diagrama de arquitectura incomprensible, o de un contrato de mantenimiento lleno de cláusulas, que sentarse con el cliente, mirarle a los ojos y decirle la verdad: “Manolo, esto que me pides no tiene ningún sentido” o “no te hace falta comprar este módulo, con un Excel te vale”.
Entonces, ¿qué significa esto de volver a los básicos en un mundo lleno de Sacris? No es una vuelta a las cavernas, ni un desprecio a la tecnología (que nos da de comer y nos encanta). Es, simplemente, recuperar la ética profesional. 🧭
Volver a los básicos es entender que nuestro objetivo es resolver problemas, no exprimir la cuenta de resultados del cliente hasta dejarla seca. Si tu cliente pasa más tiempo peleándose con la herramienta que le has vendido que gestionando su propio negocio, tienes un problema. Y, por favor, no se soluciona vendiéndole otra herramienta. 🛑
Es recordar que una pizarra, un café y tres personas remando a favor de obra resuelven más en media hora que dos semanas de correos cruzados con el departamento de compras y el centro de soporte técnico en copia. ☕🤝
Es levantar el teléfono. Cortar por lo sano cuando la burocracia amenaza con comerse el sentido común.
Y, sobre todo, es recuperar el “para qué” antes de engordar la factura del “cómo”. Una servilleta de bar con un objetivo claro sigue siendo una herramienta imbatible si ambas partes, consultor y cliente, confían el uno en el otro.
En este ecosistema nuestro donde parece que cada día hay que vender una nueva revolución tecnológica para justificar nuestra existencia, la verdadera rebeldía es la simplicidad. Y la honestidad. ✊
Los mejores proyectos en los que he participado, esos de los que te despides con pena y que el cliente recuerda con una sonrisa años después, nunca destacaron por tener el ecosistema de software más caro. Destacaron porque no había trampa ni cartón. Había confianza, claridad y sentido común.
A veces, el mayor valor que le puedes aportar a un cliente no es colarle una pieza más en el engranaje. Es tener la valentía de parar, mirarle a la cara y decir: “Oye, nos estamos liando. Vamos a hacerlo sencillo”. ✨
¿Y vosotros? ¿Habéis convivido con algún Sacrilegio en vuestros proyectos? ¿En qué momento os disteis cuenta de que le estabais vendiendo al cliente un transbordador espacial para ir a por el pan? Contádmelo en los comentarios, que seguro que nos echamos unas risas (o lloramos un rato juntos). 👇
📅Efeméride de la semana
Un 12 de abril, pero de 1555, moría Juana I de Castilla, a la que el marketing de la época bautizó como Juana “la Loca”. La verdad es que no estaba tan pirada: simplemente su entorno la encerró en Tordesillas medio siglo para quitarle el mando y gobernar ellos.
Vamos, que le hicieron un “Sacrilegio” de manual. Le implantaron una suite de aislamiento premium, le quitaron los permisos de administrador de su propio reino y la dejaron abriendo tickets desde la torre mientras otros manejaban el presupuesto.
Así que cuidado la próxima vez que os vendan un sistema hipercomplejo asegurando que así “no tendréis que preocuparos de nada”. Acordaos de Juana. A ver si vais a acabar encerrados pagando las licencias de un castillo que ya no controláis. 🏰🗡️




